Mi deseo de subir el Volcán Cotopaxi existía solo en mi mente, no tenía ni siquiera las ganas de elegir una fecha a largo plazo para hacer realidad este objetivo y es que tenía un temor al pensar que algo tan grande se puede lograr. En noviembre del 2021 pensaba –Hay tantas personas que se han preparado en las montañas durante años y no han logrado el objetivo de subir el gran volcán, pueden suceder tantos acontecimientos en el transcurso que te pueden dejar sin el logro final –. 

Mi temor alimenta el pensamiento de no intentarlo y dejo que el tiempo siga pasando. Un día de diciembre del 2021 recibo la llamada de Karolina, mi amiga y me propone subir el volcán Cotopaxi en febrero del siguiente año, es su determinación la que me convence y sin tener claro los detalles respondo –sí, ¡HAGAMOSLO! –, ese momento imaginé que Karolina ya tenía un plan preparado y listo para llevarlo a cabo, luego me enteré que Karolina estaba más perdida que yo y su propuesta nació en una conversación durante el almuerzo con su familia. Sin saberlo nuestro camino a la cumbre del Cotopaxi ya había empezado hace más de un año.

En enero del 2022 nuestra aclimatación técnica ya estaba en proceso, cada fin de semana realizamos ejercicios físicos para resistir la carga que exigía el volcán. Subimos el Rucu Pichincha, el Corazón, el Pasochoa, el Ilinizas Norte; cada uno de estos cerros y volcanes nos pusieron a prueba y nos prepararon de manera física para el Cotopaxi, pero el coloso te exige aún mas que solo ejercicio físico. Nuestra mente y alma también necesitaron prepararse para la meta, pues para completar esta misión solo el 15% es la fuerza física, 30% es la fuerza mental y el 55% es la fortaleza de tu alma.

En el transcurso de enero también preparamos el equipo especial que necesitamos para el ambiente del Cotopaxi, nuestra armadura son las botas de nieve, piolet, arnés, indumentaria térmica, casco de escalada e indumentaria impermeable.  Toda la armadura no solo nos protegería, sino que nos ayudaría a sobrevivir hasta cumplir nuestra meta. Sin embargo, esta misión no la podemos cumplir solos, necesitamos compañía y la guía de una persona que tenga experiencia en alta montaña; y es así como completamos la cordada, somos tres personas que nos preparamos para subir al volcán. 

Hay ocasiones en la vida de un cristiano en las que nos podemos sentir desorientados, temerosos o perdidos y el camino que nos espera por delatante puede parecer desalentador; dejamos que el tiempo pase y no hacemos nada para conseguir nuestros objetivos, y hay peligro en esas acciones, caer en la monotonía, no buscar nuevos horizontes, no buscar nuevos retos, hacen que nuestro espíritu se enfrié, que nuestra relación con nuestro Dios se debilite. Nuevos propósitos son necesarios para encender nuestra pasión, posiblemente nuestro camino no se aclare, pero Dios nos ha dado herramientas no solo para protección sino también para sobrevivir en el camino. Efesios 6 nos cuenta sobre esta armadura que nos ayudará: el calzado del evangelio; la espada del espíritu; el cinturón de la verdad; la coraza de justicia; el yelmo de la salvación; el escudo de la fe y nuestro guía y maestro: el Espíritu Santo.  ¡Y ya estamos listos para tomar nuevos retos!

Hno. Pablo Sancán Arreaga

Líder IFE Quito

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