En el momento que inicié este artículo, recordé las múltiples veces que he meditado con el Padre Celestial mi Dios, desde que soy niña. Tal vez mi propia naturaleza reflexiva me llevaba mucho a mirar el cielo, respirar y hacer muchas preguntas a Dios sobre mi propia vida como existencia, una práctica que mantengo hasta ahora en distintos momentos del día, donde busco ir caminando y ya ni siquiera escuchar música solamente hablar con el Espíritu Santo. Hoy ha sido un día de mucho pensar por situaciones familiares que están pasando mi familia de sangre y de fe en Ecuador, de los cuales no prefiero mencionar porque mi lista es grande. En esos momentos solo hay un arma que podemos acudir y que acudo cuando todo se sale de control y es la Oración. Hoy en mi meditación pensaba cuantas veces pedimos oraciones a los otros, o los otros nos piden oraciones por problemas cotidianos, enfermedades, sucesos, perdidas, necesidades, etc. Y olvidamos después de orar predicarles sobre la fuente de agua vida que es Cristo Jesús. Yo sé que como humana, puedo sufrir momentos de tensión, estrés, ansiedad, pero sigue siendo Dios mi mejor tranquilizante en estos momentos de incertidumbre diaria, porque, aunque doy consejería a muchos, y muchos buscan un norte en mí. Se que hay situaciones que nos agobian y nos llevan a mostrar temores, miedos y cuestionamientos. Pero es esa nuestra postura humana la misma que se doblega a naturaleza espiritual cuando evocamos la presencia de su Espíritu Santo, en nuestras vidas. Siempre cuando oro y medito de las cosas que quisiera tener, o que quisiera hacer, o quisiera que se logren, le pido a Dios sabiduría como también que se haga su voluntad.
Meditar para mi es inclinar mi oído al padre, y rendirme a él para que sean sus fuerzas las que empujen a este peregrino en su proceso de vida. Recordando un Versículo muy hermoso que dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”, Juan 16:33. Mi amado padre quien fue pastor y fundador de la denominación que pertenezco en Ecuador, la cual es Iglesia Filadelfia en el Ecuador. Me decía hija mi ciudadanía es celestial, yo aquí estoy de paseo, y yo no entendía porque me lo decía, y es que aquí no podemos acomodarnos por mucho tiempo, porque hay situaciones que nos movilizan para recordar que solo en Jesús podremos tener esa paz, como esa tranquilidad, que como seres humanos buscamos día a día.
Yo no me veo un día sin buscarle, sin inclinar mi oído, sin invocar su nombre, y es que para mí la presencia de Dios es una necesidad tan imprescindible para mi diario caminar.
Solo espero que en los momentos de meditación siga siendo el ese faro, que me sigue conduciendo a caminar, para si ir viendo que su amor es real no solo de palabras si no de acciones, porque en cada testimonio de fe, sigo viendo que fuera de él, nada absolutamente nada soy.
Dios te agradezco por las dificultades porque me permiten saber que, de ellas, tú ya tienes el control.
Pastora Luisa Rebeca Villamar Acurio
Consejera Cristiana y psicóloga clínica
IFE USA