“Antonia Brico (1902-1989) fue la primera mujer en dirigir las filarmónicas de Berlín y Nueva York. Desafió una disciplina dominada por los hombres y conformó una orquesta sólo de mujeres. Hija de madre soltera, nació en Holanda y la adoptaron a los dos años”.
La historia de esta mujer fue llevada al cine. Allí se ve su lucha personal para cumplir su sueño de ser una directora de orquesta. Sin embargo, este lugar solo estaba reservado para hombres. La protagonista había sido entregada a corta edad a un matrimonio de manera transitoria como cuidadores, pues la madre era una joven que había quedado embarazada soltera y no tenía los medios para hacerse cargo. Este matrimonio desapareció con la niña y le cambiaron el nombre. La joven madre la buscó por años, pero murió de pena en el convento donde residía.
La niña creció amando la música y tenía habilidades para ello, tocaba el piano, leía la literatura de los grandes maestros, las partituras de ellos y por supuesto su oído musical estaba bien desarrollado. Siendo adolescente descubrió que era adoptada y decidió irse de la casa, pero la madre adoptiva se adelantó y tiró todas sus cosas a la calle ¡inclusive su piano!
Ella no se rindió y buscó que un maestro le enseñará, sin embargo, no pudo continuar sus clases porque él intentó abusar sexualmente de ella. Encontró trabajo de pianista en un grupo musical que tocaba en un bar. Allí permaneció hasta que emigró a otros países buscando una mejor educación.
En sus intentos habló con varios maestros, pero descubrió que entre ellos se comunicaban para ponerse de acuerdo en no recibirla como discípula. Hasta que uno, pese a las recomendaciones de sus colegas, decidió aceptarla como discípula al ver en ella un carácter esforzado y tenaz. Ella se transformó en una buena alumna.
Llegó el día de su primera función y comenzó toda la oposición con críticas de los medios de comunicación e incluso de las mismas mujeres que no soportaban verla triunfar en una actividad que era considerada para hombres. Pero la primera dama de la nación tuvo un gran gesto y permitió que el evento se diera con un teatro repleto de gente, el concierto tuvo resultados exitosos. Y así termina la película.
Pero ese no fue el final para Antonia Brico, su lucha no cesó. Su vida siguió siendo cuesta arriba. Formó una orquesta de mujeres, mas al final simplemente no tenía las mismas oportunidades de trabajo como sus colegas hombres.
Como mujeres cristianas pensamos en la Biblia: ¿Es la Palabra de Dios sexista también? La verdad es que no podríamos categorizar la Palabra de Dios bajo criterios humanos. Desde el principio, Dios tuvo a bien de capacitar a los hombres y a las mujeres para que fueran administradores de la creación. El problema surge desde la caída, pues fueron expulsados del lugar perfecto donde estaban, cargando sobre sí con una maldición.
Al igual que Antonia Brico a las mujeres se les dice muchas cosas ofensivas, por ejemplo: “mejor cásate”, “ten hijos”, “tú no puedes”, “nunca podrás” …. Pero en la Palabra de Dios vemos mujeres como las matriarcas Sara, Rebeca, Raquel y Lea; la esclava Agar, madre de las naciones más fieras del mundo: los árabes; Rut la moabita, que siendo extranjera se transformó en la abuela del rey David; Débora la profetiza, mujer que se transformó en líder y jueza del pueblo de Israel; Ana que después de ser tildada de borracha se transforma en la madre de Samuel, sacerdote y juez de Israel; Ester, que siendo judía salva a la nación del exterminio, después de ganar un concurso de belleza en nación extranjera; la viuda de Sarepta, que sustenta a Elías, hay tantas otras en el Nuevo Testamento como la mujer samaritana, Lidia, Dorcas, María Magdalena, María y Marta, y muchas más. Todas ellas madres y mujeres influyentes usadas por Dios.
Ante esto, usted me preguntará y ¿qué pasa cuando el mismo Apóstol Pablo nos dice que la mujer no debe hablar en la congregación, ni enseñar (1 Timoteo 2:11-15)?
Para explicar esto debemos entender el contexto del lugar, la ciudad de Éfeso. Aquí existía el culto a Diana, la diosa de la fertilidad griega, protectora de las mujeres en trabajo de parto. Cuando Pablo estuvo allí se generó un gran alboroto con los vendedores de las figuras de talla de la diosa y tuvo que irse (Hechos 19). A pesar de esto, se fundó una Iglesia en Éfeso. Esta iglesia estaba siendo influenciada por la doctrina herética de este culto griego y entonces Pablo escribe a Timoteo, quien era un joven pastor, para que corrija ahí esta situación específica de desorden.
Nunca se ha prohibido a las mujeres que enseñen la Palabra de Dios, es más, dentro de la iglesia se estaba dando algo tremendamente revolucionario y es que la mujer tenía un lugar para aprender y enseñar, sin diferencias ni exclusiones. Esto era algo que, dentro de las prácticas judías, no se hacía, pues las mujeres y los pobres no estudiaban porque era privilegio de élites por su alto costo.
La mujer ha sido considerada a lo largo de la historia de la humanidad como un ser exclusivo de procreación, como moneda de cambio, prenda de apuestas, trata de blancas. El gran error ha sido coartar sus oportunidades de prepararse por el hecho de ser mujer. Incluso en lugares como China, los abortos se practicaron por décadas, sobre todo cuando, quien iba a nacer, era una niña y esto ha causado un efecto terrible en la población porque hay generaciones completas de hombres solteros que no pueden casarse porque no hay población de mujeres.
La iglesia no está ajena y debe tener oportunidades para todos sin prejuicios, pues Dios no hace acepción de personas. Aunque el “saber” ha sido masculino y el “silencio” femenino, en la Palabra de Dios las mujeres también entregan sus enseñanzas y llevan las buenas nuevas, son predicadoras, maestras, misioneras, madres, etc. Privilegio especial fue para una mujer, María Magdalena, la primera persona en ver a Jesús resucitado y comisionada por él para llevar las buenas nuevas al resto de los discípulos (Juan 20:11-18).
Cito al Apóstol Pablo: “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28). Termino con las palabras de Jesús: “…. Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:27-28).