Juan 19:17-18.- Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la calavera, en hebreo, Gólgota. Allí lo crucificaron con otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
La Biblia nos revela uno de los dramas más terrible, más humillante, más doloroso, más cruel, más sangriento y más despiadado, desde la vía dolorosa hasta la propia cruz. La cruz ha sido motivo de muchos calificativos, maldita cruz – victoriosa cruz – santa cruz etc., porque en la cruz, se dieron sucesos que para el hombre es imposible de comprender, ¿Cómo es posible que mientras estaban asesinando al Salvador, él pide perdón para sus verdugos?, este hecho revela una de las manifestaciones más maravillosas de amor y perdón, y muchísimas revelaciones más, tales como: La victoria sobre la muerte, y el calvario que vivió el ser más maravilloso que ha cruzado sobre la faz de la tierra.

Cuando hablamos de la cruz, pensamos automáticamente en JESÚS, es decir, que toda nuestra atención gira en torno a el Salvador del mundo, nuestro Redentor, nuestro Mesías crucificado. En la cruz donde pasó sus últimos momentos de extremo sufrimiento el Señor Jesucristo emitió siete frases antes de su muerte, frases que tienen vida y cuando el hombre se detiene a escucharlas, su vida nunca más será igual, porque podrá descubrir que Cristo dio su vida para perdonar al más vil pecador, de los cuales ¡yo soy uno!, y entonces podemos decir sin dudad alguna, que LA CRUZ ES EL CAMPO DE BATALLA DONDE SE LLEVÓ A CABO LA MAYOR PRUEBA DE AMOR POR UN MUNDO PECADOR, y que la profecía bíblica, ya daba cuenta de lo que le acontecería al Salvador del mundo, como dice Isaías 53:3-7:  “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”. Esta palabra del profeta es justo lo que Jesús vivió hasta su muerte.

Hoy queremos recordar nuevamente esas ultimas frases de nuestro Salvador, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo:

1) PERDÓN: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34).

Para nuestra naturaleza humana es difícil perdonar a quienes nos hacen daño; sin embrago, Cristo nos enseñó a orar por nuestros enemigos, por quienes nos hacen daño, por tanto, cuando Cristo viene transforma a aquel que lo acepta, es allí cuando podemos perdonar a quienes nos ofenden. Mientras Cristo, ya había padecido en extremo hasta llegar a la cruz, la humillación seguía en medio del dolor, sin embargo, el Pide al Padre que los perdone, porque al parecer ellos no sabían lo que hacían, esta petición es para nosotros ilógica, pero Cristo estaba dándole al mundo una oportunidad de que el hombre se reconcilie con ÉL. Cristo estaba expresando su amor en lugar de ira.

2) SALVACIÓN: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lucas 23:43).

Estas palabras dan esperanza a aquel malhechor que también estaba siendo crucificado, podemos darnos cuenta que en el mismo umbral de la muerte, cualquier persona que se arrepienta puede experimentar la salvación.

La Escritura dice, sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos11:6). “El que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). 

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22).

3) ENCARGO O RECOMENDACIÓN: “Mujer he aquí tu hijo… he aquí tu madre”. (Juan 19:26-27).

Cristo en su lecho de dolor tenía todas las cosas claras, y en esta oportunidad y con todo sentido de responsabilidad de hijo a madre, hace una recomendación a su discípulo amado en quien tenía la suficiente confianza, a fin de que su madre no quede desamparada.

4) DOLOR Y SOLEDAD: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” (Mateo 27:47). Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Salmos 22:1. La exclamación de Jesús, muestra que, a más del dolor, se sentía solo espiritualmente, como abandonado y sufriendo en la cruz.

5) “TENGO SED”: (Juan 19:28)

Jesús en esta expresión, denota que su sufrimiento era genuino, sin hacer uso de su divinidad, ÉL pudo haber saciado su sed, porque él es el agua de vida. (Juan 4:10), pero no lo hizó.

6) “CONSUMADO ES”: (Juan 19:30)

El hombre cuando vive sus últimos momentos de su vida, indudablemente recuerda hechos relevantes, en este caso nuestro Salvador, pudo haber recordado su infancia, sus tres años y medio de ministerio, de tal manera que, con este dicho, daba por sentado que él había cumplido. En la Cruz, se estaba dando por caducado el pacto del Antiguo Testamento, para poner en vigencia un Nuevo Pacto (el pacto de la gracia).

7) “PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU”: (Lucas 23:46)

Esta última frase estaba enseñando que no hay otras manos más seguras, sino las de nuestro Padre Dios.

-Jesucristo nuestro Salvador, no estuvo exento de la muerte, nació y murió humanamente, su madre lo vio nacer y lo vio morir; sin la muerte del Salvador del Mundo la expiación jamás se hubiera llevado a cabo.

-JESÚS ES EL CORDERO DESDE LA ETERNIDAD HASTA LA ETERNIDAD (1 Pedro 1:10-20).

-JESÚS FUE EL CORDERO QUE SE DEJÓ LLEVAR AL MATADERO (Isaías 53:7).

-JESÚS ES EL CORDERO INMOLADO (Apocalipsis 5:12).

-JESÚS ES EL CORDERO QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO (Juan 1:29)

La muerte de nuestro Salvador Jesucristo y cada una de sus expresiones dichas en la cruz han trascendido las edades y tienen un valor incalculable y eterno para todos aquellos que se acercan a la cruz para mirar y recibir de Jesús su gracia y salvación. ÉL padeció, murió y también resucitó y viene por segunda vez!

Pr Tulio Sancán B.

Síndico IFE-EC

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