El 19 de mayo se cumplió el primer año del fallecimiento de nuestro amado y recordado PMG Dr. Winston Francisco Villamar Fernández.  Ha sido un año de adoración a Dios en medio de pruebas, fidelidad en la Obra del Señor, trabajo y esfuerzo en amor fraternal, ha sido un año de enseñanza y predicación, de meditar en su Palabra, de comunión entre hermanos, de servicio a los demás y de oración constante. Podríamos decir, a la manera filadelfina, como el amado pastor Winston y su espiritualidad cristocéntrica nos animó a servir mientras vivió entre nosotros, como una agradable y siempre fresca bendición para su amada iglesia, dándolo todo con alegría, a su maravilloso Señor. (Salmos 116:15)

“Sueño con ver un templo bonito en Esmeraldas, otro en Manabí, y así, con cada una de las obras que el Señor nos ha dado para que ministremos”, “Gocémonos en nuestro ministerio, que la paz de nuestro Dios esté en sus corazones”. PMG (2005).

Estas frases escritas en una carta dirigida a sus hermanos en para celebrar el aniversario número 30 de la IFE-EC, expresan la profundidad y altura de su compromiso pastoral. Hoy en el primer aniversario de su partida, alabamos, adoramos y exaltamos el nombre glorioso de nuestro Padre Celestial por su ejemplo. Su labor pastoral, su amor por la IFE-EC, su pensamiento teológico y su filosofía de vida cristocéntrica, animan nuestra convicción de fe en el evangelio de la salvación, nuestro accionar perseverante en el crecimiento espiritual y nuestra pasión por compartir el amor fraternal mientras vivimos, sabiendo que nuestra obra no es en vano, que el vivir es Cristo y el morir es ganancia.

“Sueño con ver un templo bonito en esmeraldas, otro en Manabí ..” nos habla de las metas para el crecimiento físico de la iglesia pero también del crecimiento espiritual de todas las obras filadelfinas.

“.. y así, con cada una de las obras que el Señor nos ha dado para que ministremos”, describe la proyección del trabajo por impulsar el desarrollo de la visión de la iglesia para servir en los 13 ministerios departamentales que existen. Son anhelos expresados en un contexto de muchas limitaciones como ahora, sabiendo que la IFE-EC es una obra de milagros desde su fundación donde Dios es su fiel proveedor y nunca ha faltado lo necesario para desarrollar su visión cumpliendo su misión de evangelismo, edificación y testimonio.

El templo más bonito que se ha edificado a lo largo de estos años ha sido el templo del Espíritu Santo, que está en cada hermano, en los niños que cantan y alaban, en los jóvenes que defienden y proclaman la verdad, en las madres que cuidan sus hogares porque es su iglesia, en los padres que trabajan por profundizar sus raíces para que su generación sea firme en la fe, en los ancianos que adoran felices mientras esperan reunirse con el Buen Pastor. Dios ha tornado este sueño en una realidad, somos una comunidad de templos bonitos, una iglesia llena del Espíritu santo, somos una familia que debemos valorar y cuidar, una familia unida por la fuerza celestial más poderosa, el amor de Cristo. Y la frase “Gocémonos en nuestro ministerio, que la paz de nuestro Dios esté en sus corazones”, es una invitación permanente para que los hermanos de la IFE-EC vivan cimentados en amor, fidelidad y con la paz del Señor Jesús.

Recuerdo su predicación gozosa y sabia, gozosa por la gracia de Dios que adornó su andar, sabia porque su tema de conversación siempre fue Jesús, su persona más hermosa. Filipenses 4:1. Durante mis 11 años de trabajo profesional como psicóloga clínica, he podido evidenciar que las patologías clínicas no son identificadas hasta que el paciente intenta agredirse a sí mismo o dañar a su entorno sea familiar o social.

Esto me lleva a mi mayor reflexión como pastora ministerial de la IFE: ¿estamos como cristianos también expuestos a estos cambios emocionales producto de esta realidad o solamente ocultamos nuestro malestar para no sentirnos inferiores o no escuchados?

Casualmente el día de hoy me escribía una de mis pacientes quién es profesional en medicina y creyente, la cual presentaba una fuerte crisis de angustia y depresión frente a situaciones que definitivamente salen de nuestro control. Mis palabras fueron orientadas a la necesidad de tener siempre presente que no podemos controlar todo y de ahí nace la importancia de tener una conexión día a día con nuestro creador. ¿Qué pasa cuando nuestra fe decae?, ¿cuándo todo se torna oscuro por el panorama donde nos desenvolvemos y vivimos la angustia del día?; pues ahí es cuando más debemos buscar el apoyo los unos a los otros, mediante la oración porque cuando su voz decline estará la voz de clamor de su hermano. En muchas ocasiones usted como cristiano también va a padecer de angustia y las adversidades de la angustia de su hermano o hermana. Recordamos que nuestro propio Señor Jesucristo animaba a otros a velar para no entrar en tentación aun sabiendo que se acercaba la hora de su muerte, según lo podemos leer en el libro de Mateo 6:41: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Sabiendo que quedaba poco tiempo para ser apresado estaba padeciendo una agonía emocional en el Getsemaní, este lugar que había sido un lugar de paz, un “jardín de olivos”, y que pronto sería el lugar de su captura. Aunque sus discípulos dormían ya cansados sabía que sería llevado por senderos de muerte al Gólgota, más tenía certeza que Dios Padre tenía todo en control. La mejor forma de manejar una emoción que está fuera de control es sacrificándola delante de Dios, exponiéndola tal como dice el libro de Salmos 31: 2-3 “Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.”.

Y usted… ¿cómo se encuentra? Sabía que puede escribir o llamar a su pastor, o consejero de confianza dentro de su congregación, pues no es saludable reprimir un dolor, recuerde que como iglesia somos una familia abierta orando los unos por los otros en tiempo y fuera de tiempo en las distintas actividades que tenemos como Iglesia Filadelfia en el Ecuador. Sabe, que es una alegría saber que no estamos solos, ni siquiera en el momento de la aflicción. Recuerde que la vida es un peregrinaje, un viaje donde en algún momento tendremos que llegar a nuestro destino final, la patria celestial, donde no habrá más llanto ni más dolor. Y esta es la esperanza para nosotros quienes creemos en el mensaje de nuestro salvador Cristo Jesús.  Y en esta esperanza decimos sus palabras: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Palabras que reflejan el dolor humano que son, al menos para mí, una fuente de fortaleza.

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