Cuando leo y medito en la porción bíblica que menciona lo que pasó en la cruz del calvario, vemos un acontecimiento único, triste, doloroso, humillante, amoroso, victorioso, salvador y glorioso, lo cual, se constituye en sí mismo como un manantial de enseñanzas que encierra la cruz. En esta oportunidad solo quiero enfocarme en las actitudes de los dos malhechores y una de las tantas maravillosas respuestas de Cristo el Salvador, (Lucas 23:39-43). Es como ver al propio mundo debatiéndose entre el polo de la incredulidad de no querer aceptar su condición de maldad, y el polo de la creencia, aceptando la fe salvadora de Cristo.
Hablando de los malhechores, el uno decía “… Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (v.39b); es preciso destacar que, el pecador de aquella época y diría también de ahora, es osado. Este hombre atrevidamente recrimina a Cristo por aquella circunstancia que estaban viviendo, ignorando que esto era consecuencia de sus hechos y malas acciones; sin embargo, al contrario de Cristo, que estaba siendo crucificado sin culpa propia, también podemos ver la actitud que adopta el otro malhechor, aceptando y reconociendo que la situación de crucifixión a la que habían llegado como se hacía a los malhechores de la época, eran consecuencias de cómo habían conducido sus vidas y que la sentencia de muerte había llegado para ellos, mientras en este último espacio de vida que les quedaba, el otro malhechor daba una respuesta convincente y reflexiva, “Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condición?, Nosotros a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.” (v.40b-41), él reconoció que quien estaba a su lado era Cristo el mismo Dios.
Cuán importante es detenerse por un momento y reconocer la condición en que nos encontramos y pedir el auxilio de Cristo. El mundo cree en Dios a su manera, erróneamente como el primer malhechor, cree que Dios está a su disposición para que responda en el momento y como él lo pida, lo cual, es una profunda equivocación, y es como sigue estando el mundo por su ceguera espiritual, es lo que podemos distinguir en una mínima parte en este cuadro bíblico. Sin embargo, es importante notar que así como muchos están encerrados en esa forma de creer y pensar, hay muchos que después de vivir equivocadamente, reconocen con humildad su condición y toman la decisión de rendirse y reconocer a Cristo, como el único que puede cambiarlos y salvarlos para vivir junto a él por la eternidad.
Cuando se decide creer en Jesús se ejercita la fe sin límites, de tal manera que aunque estés en la puerta de la muerte, puedes cambiar tu rumbo eterno. Si la persona no tiene a Cristo y su vida termina, pasará a una eternidad sin esperanza y lejos de Dios, como el primer malhechor. Pero si decides creer y reconocer a Jesús como el Mesías y Salvador del mundo, aunque estés en tu lecho de muerte, pasarás a la eternidad con él; es lo que pasó con el otro de los malhechores, cuando le dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (v.42) … ante esta decisión y petición, JESÚS respondió y siempre responderá: “De cierto te digo hoy estarás conmigo en el paraíso.” (v.43b). Cristo nuestro Salvador puede salvarte hoy y en este instante. Te pregunto y pregúntale a tu prójimo, ya tienes a Jesús como tu Señor y Salvador de tu vida?.
Pr. Tulio Sancán.
IFE-EC