Actualmente hay una ciencia que ha comenzado a ejercer una fuerte influencia en el mundo: La Eugenesia, palabra que significa “buen origen”, “buen nacimiento” y consiste en el estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia para lograr el perfeccionamiento de la especie humana, es decir, mediante un proceso de manipulación genética mejorar los rasgos humanos hereditarios para que el que nazca sea más sano y más inteligente.

Este concepto no es nuevo, viene del siglo 19 y fue acuñado por Francis Galton, científico británico que fruto de sus viajes y la influencia de los conocimientos de su primo Charles Darwin hizo estudios sobre el talento de las personas y dijo que las personas se pueden clasificar por raza, sexo y clase social; concluyendo que los más capaces y fuertes no deben casarse con débiles en lo físico ni en lo mental para que no contaminen a los demás con su reproducción.

Las ideas del mejoramiento de la raza son antiguas, por ejemplo, el filósofo griego Platón habló de aquello más de 400 años antes de Cristo. Estas ideas estaban también en la doctrina del nazismo con la búsqueda del super hombre y la exaltación de la raza aria, considerada la raza superior por sobre judíos, africanos, mestizos y otros grupos étnicos clasificados de inferiores y destinados a trabajos forzados y al exterminio. El otro extremo fue la exhibición en circos de aquellas personas consideradas fenómenos como: enanos, gigantes, siameses, obesos, mujer barbuda, malformaciones óseas (el hombre elefante), hermafroditas (dos sexos), etc.

En USA el año 1896 prohibieron los matrimonios entre débiles mentales que los llegaron a esterilizar para evitar su reproducción, como ocurrió con poblaciones de Guatemala y Perú donde por orden del estado se esterilizaron forzosamente a personas por ser indígenas y pobres. Por estos sucesos y crueldades la Eugenesia fue considerada una falsa ciencia, una perversión y una inmoralidad.

Sin embargo, la Eugenesia tuvo un resurgir cuando se logró decodificar el genoma humano y ahora es usada para detectar enfermedades hereditarias graves en fetos para inducirles el aborto, en el control de la natalidad, en seleccionar rasgos deseables de plantas y animales inclusive, también en las terapias génicas, alimentos transgénicos, proteínas artificiales, trasplantes en humanos de órganos de cerdo. La influencia de esta ciencia llega también a la mujer urbana que busca transformar su cuerpo para ganar oportunidad laboral, para ello se opera la nariz, se saca la grasa del cuerpo, se saca las costillas para tener más cintura, se alarga los huesos, entre otras cosas.

En el fondo las diferencias racistas, clasistas y hasta sexistas son tendencias impulsadas por la eugénesis y por estas ideas se despertaron en las sociedades los movimientos de la búsqueda de la igualdad y el reconocimiento. Pero el resultado de esto se ha traducido en más pobreza, enfermedad y segregación social. El ejemplo de Jesús es el camino para su iglesia, él no hizo diferencias sociales, pues entre las personas que trató y visitó habían: pobres y ricos, mujeres y hombres, justos y pecadores, niños y ancianos, con movilidad reducida, enfermos mentales, etc. Su mensaje traspasa lo social para llegar a lo espiritual.

Lo que se está haciendo a todos los seres vivos requiere una redención, tal como dice Romanos 8:22-23: “Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo”.

Nuestro ideal como creyentes es aspirar a llegar a la estatura de Cristo, el super humano: “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Efe 4:13). El verso nos aclara que la humanidad perfecta solo está en Dios no en los cambios genéticos que se puedan hacer. Además, el cuerpo humano por muy perfecto que sea un día tendrá que morir y ese punto la Eugénesis no lo tiene resuelto, pero sí Dios, porque en su palabra vemos la resurrección de Jesucristo como primicia para sus hijos: “Entonces Jesús dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera.” (Jn 11:25)

Pensar que en Dios la mujer es bella cuando obedece su Palabra, la mujer es feliz cuando recibe el agua de vida eterna, solo Cristo puede calmar toda sed interior. Solo en Cristo hombres y mujeres tenemos dignidad y completitud.

La ciencia humana está creciendo y desarrollándose fuertemente de la mano de la tecnología y hace muchas décadas que no quiere ir aparejada de los valores cristianos, por ello la tarea de la iglesia es esforzarse en el estudio de la Palabra para saber qué contestar éticamente y teológicamente a una sociedad que está siendo llevada por un camino sin medir consecuencias por tecnócratas codiciosos.

La ciencia humana sin Dios es la tentación del diablo que ofrece su conocimiento dudando de la bondad de Dios, la ciencia de Dios es ese conocimiento que nos lleva por fe a nacer de nuevo sin entrar al vientre de nuestra madre. ¡Confiar en Dios es salvación, pero confiar en los hombres es perdición… que es donde va este mundo!

Pra. Blanca Auristondo, PMG.

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