Observando lo que se da en el mundo, entre las noticias más relevantes desde hace varios meses es la guerra de Israel con Gaza. A diario los informes llegan de la tragedia que se produjo en esta parte del mundo donde la población civil es la más perjudicada, pues ya van más de 30 mil muertos de los cuales 12.300 son niños. El hambre, la muerte, el miedo, la pérdida de la familia son hechos que es difícil de empatizar.

El dolor no estaba en los planes de Dios para el ser humano sino que se manifiesta por la desobediencia a su voluntad, lo podemos revisar en Ge. 3:16-17 cuando Dios dice a la mujer: “con dolor darás a luz los hijos” y al hombre le dice: “con dolor comerás”; expulsados viven fuera del confort que Dios les había preparado. El sufrimiento es una condición propia de la vida a causa del pecado, no solo para el ser humano sino también para toda la creación porque los animales también sufren las consecuencias del proceder humano (Ro 8:22).

Algunos libros de la Biblia nos hablan del sufrimiento, como Job, un hombre temeroso de Dios que experimenta un gran quebranto y llega a decir: “Mis ojos se oscurecieron por el dolor, y mis pensamientos todos son como sombra” (17:7). Un corazón sufriente no es capaz siquiera de razonar, más la espiritualidad ofrece un recurso superior. Este libro nos enseña que un justo también sufre y en ese proceso Dios se le revela y Job dice: “De oídas te había oído más ahora mis ojos te ven.” (42:5).

Otro es el profeta Habacuc, que se queja porque el pueblo de Israel está sufriendo el asedio de los Babilonios que los están capturando y esto ha provocado la destrucción de la tierra. Entonces  intercede en oración y en sus quejas dice: “¿Hasta cuándo, Oh Jehová, clamaré, y no oirás…? (1:2). Pero Dios sí está escuchando y viendo todo lo que sucede, no está ajeno a nuestra realidad, sino que nos fortalece al punto de darnos la capacidad de tener gozo en medio de la destrucción, por eso el profeta dice: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza” (3:18-19).

Nadie se escapa del sufrimiento, de la preocupación, del dolor. El mundo trata de calmar el dolor con entretención (fiestas) y evasión (drogas), que duran por un momento.  La iglesia no está exenta de estas situaciones y su tarea es estar ejerciendo su ministración pero como dice Peter Scazzero (2008): “mucha cultura cristiana se ha sumado a esta insensibilidad no bíblica que elude el dolor y la pérdida”.

Habacuc significa “uno que abraza” y ese que abraza es Dios. La iglesia debe estar intercediendo por las necesidades y sucesos del mundo; dar su abrazo amistoso y cordial al perdido, consuelo al desesperado, fortaleza a los caídos, esperanza al enfermo.

Dios es soberano, nada escapa de su control, la compasión nace en su corazón y la iglesia es su instrumento para manifestarla. Nuestra tarea es predicar el Evangelio y esperar en las promesas que están para nuestra bendición, porque el sufrimiento nos invita a vivir por fe (Ro 1:17). ¿Y…quién es mi prójimo?…preguntó un maestro de la Ley a Jesús. Entonces Jesús le dijo: Prójimo es el que hace misericordia con otro…vé y haz tú lo mismo (Lc. 10:29-37).

La tarea de la iglesia del Señor Jesucristo frente a estas tragedias mundiales es interceder, como dice Mt 5: 9: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Pra Blanca Auristondo, PMG.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *